ESP – Coronavirus: Italia y España, unidos por un Mediterráneo azul de lágrimas y el verde esperanza

Coronavirus, una crisis sanitaria, social y cultural

Los gemelos del Mediterráneo afrontan una dramática crisis sanitaria, social y económica sin precedentes por el Coronavirus. Italia y España, unidos por un Mediterráneo azul de lágrimas y verde esperanza. Nuestro “Mare Nostrum” amanece de nuevo con ambas orillas bañadas por la tristeza. Hoy faltan 3.745 compatriotas: vecinos espálicos que no nos daran hoy el clásico “buon giorno anche a lei“, “que tengas un buen día“. Y esto con los datos de ayer, 18 de marzo de un fatídico 2020. El futuro cercano no prevée mejoría. En cualquier caso, estas personas ya no volverán.

Esercito, bare Bergamo fuori regione
Camiones militares trasladan 60 ataúdes con víctimas del Coronavirus desde el cementerio colapsado de Bérgamo a otros municipios. Fuente: ANSA

Ceguera colectiva

Nadie lo vio venir. Ni expertos ni profanos. Quizás no estábamos mental ni socialmente preparados para un desafío de esta envergadura. Ya no por la dimensión sanitaria del problema, sino por sus repercusiones sociales y económicas. La cifra de contagios, desconocida. La cifra de muertos, dramática. Ayer estábamos llenando las calles de vida, ruido y calor mediterráneo. Hoy nos encontramos paladeando un inusitado sentimiento de soledad y desconcierto.

Enemigo invisible

La crisis ha alcanzado una escalada de crecimiento, difusión y afección que ha obligado a los gobiernos de Espalia ha decretar el confinamiento. Millones de personas asustadas encerradas en sus casas protegiéndose de un enemigo invisible. Pero lo más desconcertante si cabe fue presenciar como millones de personas imploraban a nuestros líderes que nos encerraran. Que sancionaran pisar la calle, en aras del bien común. Yo mismo he sido uno de estos activistas que engrosaban el movimiento #QuédateEnCasa #RimaniACasa. Sin embargo internamente luchaba contra la contradicción entre avalar la privación absoluta de libertades que suponía, sin disponer de una claridad científica ni una premisa institucional.

Italia y España unidos por un Mediterráneo azul de lágrimas.
Desinfección de espacios públicos. Fuentes: Ansa y Repubblica.

Contradicciones sociales, personales e institucionales

Hoy parece que ya nadie pone en duda la gravedad de esta crisis. Y no hablo de los bares cerrados en nuestras ciudades. Desde luego nadie que haya visto las filas de camiones militares italianos trasladando féretros. Fallecidos del norte de Espalia Oriental que no podían ser cremados por la acumulación de cadáveres. Hoy me avergüenzo de no haber estado a la altura. De no haber sido consciente. De no haber creído del todo a mis hermanos y hermanas italianos. Me avergüenzo de haber compartido el “QuédateEnCasa” prematuramente sin poseer una plena convicción. Lo siento.

Italia y España, unidos por un Mediterráneo azul de lágrimas y el verde esperanza: Los gemelos del mediterráneo afrontan una dramática crisis sanitaria, social y económica sin precedentes.
Hospitales de campaña improvisados para atender el exceso de demanda hospitalaria. (Foto Keystone). Fuente: www.laregione.ch

Los hechos por delante de las decisiones

Con sinceridad lo digo, la historia nos dirá cómo pudimos haberlo hecho mejor. Pero la realidad es que el telediario de la mañana parecía el Antiguo Testamento al mediodía. Los hechos se precipitaron. Las cifras comenzaros a ser inmanejables, en cuestión de horas. Ahora es el momento de pelear codo con codo, sin fisuras.

Sin embargo a efectos de registro para la posteridad, para no olvidarlo yo mismo ante el fragor de los cambios contantes, desearía constatar los siguientes hechos:
Los mensajes que las autoridades sanitarias de Espalia Occidental buscaron desde el principio tranquilizarnos. Expertos hablaban de una mera gripe estacional. En los medios de comunicación hace apenas unos días veíamos escenas de normalidad, mientras pedíamos en las redes que la gente se quedase en casa: eventos deportivos masivos, manifestaciones multitudinarias, encuentros políticos, transporte colectivo masificado, vuelos a zonas rojas diarios, etc.

Se creía que con aislar versos sueltos todo se controlaría. Hoy estamos encerrados en casa, con las fronteras cerradas. Seres queridos lejanos aun por cerca que vivan. Ancianos solos, por precaución. Amigos y familiares, teletrabajando, la antesala del despido. O en un ERTE, el despido en diferido. Nuestros sueños presentes y futuros, congelados, sino rotos.

Salida colectiva

Decretos a ambos lados del Mediterráneo intentan sostener el empleo. Manifiestamente inuficientes. Se preveen millones de despidos. Es imperativo moral y económico sostener a toda la comunidad, especialmente a los más desfavorecidos.

Una persona a la que han mandado a casa porque por “salud pública” le han cerrado su medio de vida necesita ayuda. Políticas valientes. No solo bloquear hipotecas por primera casa y una maraña burocrática de deducciones, sino también moratorias sobre préstamos, alquileres, impuestos, facturas, etc. A ingresos 0, gastos 0. Muchísima gente sobrevive exclusivamente de su fuerza de trabajo. Y hoy se la hemos prohibido ejercitar. Porque además de desaparecer total o parcialmente los ingresos, hay que seguir comiendo. Y es una responsabilidad social y ética colectiva salir todos juntos adelante.

Todo irá bien, tutto andrà bene.

Y a pesar de los párrafos precedentes, sentidos y sinceros, declarar que por supuesto saldremos de esta. Espero que todos estemos a la altura de las circunstancias. Pero permitidme que os pido una cosa: aquellas personas que tengan la fortuna de conservar sus puestos de trabajo y capacidad de consumo, apenas reabran las fronteras cojan el primo avión y reactiven nuestras relaciones humanas, sociales y económicas. Que reactiven el comercio de proximidad, que piensen en global y consuman en local, que no les tiemble el pulso a la hora de paladear una deliciosa Carbonara frente al Pantheon, o una espectacular Paella en la Malvarrosa de Valencia. Recuperar la confianza dependerá en primer lugar de nosotros mismos. Yo lo haré, apenas las autoridades sanitarias lo permitan. Es mi deber ciudadano. Pasemos del #QuédateEnCasa #YoMeQuedoEnCasa al #SalDeCasa #YoSalgoDeCasa.

Los felices años veinte

Recordemos que estamos en el 2020. Al igual que tras el drama de la Primera Guerra Mundial, las sociedades europeas se lanzaron a las calles a celebrar la vida y relanzaron las dinámicas sociales y economías, espero lo mismo de los espálicos.

Nuestra cultura es callejera. La bandera es el disfrute de la vida. Nuestra textura preferida es la piel de nuestros seres queridos. Añoramos el calor humano. Y nuestros colores favoritos son el anaranjando de una puesta de sol en Cádiz, el verde de las colinas toscanas y de los bosques vascos y el azul de la costa Amalfitana y la costa da Morte gallega.
Y ahí están esperándonos. Nos veremos pronto, en la calle.

https://www.espalia24.eu/index.php/category/attualita-y-politica/

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